Un momento insignificante, sin grandes dramas… y, aun así, de repente todo se viene abajo.
Quien piensa así entra en una fase de la vida completamente nueva.
Mucha gente espera el gran punto de inflexión: la jubilación, que los hijos se vayan de casa, un nuevo amor. Un psicólogo afirma: el verdadero corte ocurre en la mente, justo cuando miramos nuestra vida con otra mirada interior. No es la edad ni el saldo bancario, sino una determinada forma de pensar la que marca la última -quizá la más madura- etapa de nuestra vida.
El mito de la «edad de oro» de nuestra vida
Si preguntas a la gente cuál fue la época más feliz de su vida, las respuestas acaban sorprendentemente a menudo en el pasado. La infancia, la juventud, a veces la jubilación temprana: todo parece más luminoso y ligero en el retrovisor.
- Infancia: libertad, juego, fantasía… pero también dependencia total de los adultos.
- Juventud: aventuras, primeras veces… pero llena de inseguridad y presión por rendir.
- Vejez: en teoría calma y sabiduría… en la realidad, no pocas veces acompañada de enfermedad, pérdidas y soledad.
Los estudios psicológicos lo muestran desde hace años: la memoria idealiza. Suavizamos las aristas, omitimos el estrés y las lágrimas. Eso genera un desequilibrio peligroso: el momento presente parece más desvaído, el ayer brilla… y muchos sacan inconscientemente la conclusión de que lo mejor ya ha pasado.
El verdadero giro ocurre cuando dejamos de preguntarnos cuándo fuimos más felices
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario