Abril les hace cosquillas en los dedos a los jardineros aficionados: por fin salir, ponerlo todo en orden, cortar el césped bien corto… y justo eso es un error.
Entre narcisos, trinos de pájaros y los primeros días templados, el césped sin segar parece enseguida “descuidado”. Muchos entonces cogen automáticamente el cortacésped. Pero quien lo hace no solo deja al descubierto la superficie verde, sino que interviene de lleno en un ecosistema sensible que, precisamente en abril, empieza a funcionar a pleno rendimiento.
Por qué abril es un momento clave para su césped
En primavera, el césped sale del parón invernal. Las gramíneas brotan de nuevo, las flores silvestres se disparan hacia arriba, los insectos despiertan, las aves buscan alimento para sus crías. Este mes decide si su jardín se convierte en una monocultura silenciosa o en un pequeño refugio natural lleno de vida.
Quien no siega en abril le regala a su jardín un reinicio ecológico… y se ahorra tiempo, ruido y combustible.
El movimiento “No Mow May”, surgido en 2019 en el Reino Unido, parte justamente de aquí: durante un mes, el cortacésped se queda parado. En muchos jardines, esta renuncia empieza de facto ya en abril, cuando la naturaleza arranca de verdad. El efecto: claramente más flores, más insectos, más aves… y, a menudo, un césped más sano.
La pradera como supermercado para los polinizadores
Lo que para muchos no es más que “verde”, para abejas silvestres, abejorros y mariposas es como un mercado semanal bien abastecido. Justo en abril se abren las primeras fuentes de alimento importantes:
- Margaritas (variedades similares a peonías)
- Diente de león
- Botones de oro (ranúnculos)
- Distintas especies de trébol
- Otras hierbas silvestres discretas
Quien mantiene el césped muy corto corta una y otra vez estas plantas, a menudo antes de que puedan florecer. Con ello, los polinizadores pierden una de las primeras fuentes de alimento del año.
Cada semana sin segar en abril significa: más flores, más polen, más energía para los insectos que polinizan nuestras plantas.
Estos polinizadores mantienen en marcha todo el ciclo vegetal: desde frutales y hortalizas hasta arbustos ornamentales. Si les facilita el inicio de la temporada, en verano se beneficiará indirectamente de mejores cosechas y plantas más vigorosas.
El césped como despensa para las aves
Entre las briznas de hierba vive un ejército de pequeños animales que apenas se percibe a simple vista: escarabajos, arañas, hormigas, orugas, larvas. Todos ellos sirven de alimento a las aves, sobre todo en época de cría.
Muchas especies crían a sus polluelos en abril y mayo. Los padres buscan entonces sin descanso alimento animal. Un césped rapado puede parecer “ordenado”, pero apenas ofrece presas.
Si no siega en abril, su césped alimenta a los polluelos… sin necesidad de colgar bolas de sebo.
Al mismo tiempo, con un suelo vivo también disminuye la necesidad de alimentar artificialmente a las aves. El jardín aporta lo que realmente necesitan: insectos ricos en proteínas, no solo semillas.
El césped como refugio: quién vive aquí
La pradera no es solo un bufé, también es un techo bajo el que cobijarse. Entre hierba más alta, restos de hojas y plantas silvestres viven innumerables animalillos:
| Habitantes | Papel en el jardín |
|---|---|
| Caracoles y babosas | Alimento para erizos, aves y sapos |
| Orugas | Luego se convierten en mariposas; alimento para aves |
| Arañas | Depredadores naturales de plagas |
| Escarabajos y escarabajos corredores | Eliminan restos vegetales, se comen plagas |
| Saltamontes | Parte de la cadena trófica; bioindicadores sensibles |
| Hormigas | Airean el suelo, retiran carroña y semillas |
Una sola pasada de siega en abril destruye gran parte de estos hábitats ocultos. Muchos animales resultan heridos o mueren; otros pierden de golpe la cobertura frente a depredadores y al sol.
Por qué el césped en abril también se ve mejor sin segar
Contraintuitivo, pero medible: un césped al que se le permite crecer en abril suele mantenerse verde durante más tiempo en verano. Tiene razones físicas:
- Las briznas más largas sombrean el suelo y la tierra se seca más despacio.
- Las raíces crecen más profundas cuando la planta tiene suficiente masa foliar “arriba”.
- Las hierbas silvestres rompen la monocultura de gramíneas y mejoran la estructura del suelo.
Dejar crecer la hierba es instalar un protector solar natural para el suelo: gratis y sin sistemas de riego.
Sobre todo pensando en veranos secos y calurosos, esta estrategia cobra importancia. En lugar de regar constantemente y resembrar, se trabaja con el sistema de la naturaleza.
Así funciona “cortar de forma diferenciada” en el día a día
Muchos propietarios de jardín no pueden o no quieren renunciar por completo al cortacésped. Los niños necesitan zonas de juego, un camino hasta el cobertizo debe quedar libre, bajo el tendedero no debe estorbar nada. La solución es un mantenimiento diferenciado o “sensato” del césped.
Paso a paso hacia un mantenimiento inteligente del césped
- Delimite las zonas: ¿por dónde camina a diario? ¿dónde se sienta? ¿dónde juegan los niños? Esas áreas pueden mantenerse más cortas.
- Determine zonas de descanso: en el borde de la parcela, detrás del cobertizo, bajo frutales… aquí la pradera puede crecer.
- Deje franjas sin segar: incluso un borde de 50 cm a lo largo de la valla aporta mucho a los insectos.
- Corte más alto: si siega, suba la altura de corte (8–10 cm). Así se conserva más estructura.
Este “mosaico” de zonas más bajas y más altas hace el jardín visualmente más interesante. A la vez, basta una franja pequeña de hierba alta para ofrecer refugio a muchas especies.
Cómo cambia su jardín: un escenario
Imagine dos jardines vecinos. En el primero se siega corto en abril como cada año. En el segundo, el cortacésped se queda en el garaje; solo se mantiene corto un sendero estrecho hasta el compost.
- En el primer jardín: el suelo se calienta antes, faltan las flores del diente de león, las aves picotean solo de vez en cuando en el césped.
- En el segundo jardín: a las dos semanas brillan flores amarillas, hay zumbidos por todas partes, los mirlos sacan lombrices e insectos de la pradera.
Tras algunos años, en el segundo jardín se forma un pequeño ecosistema estable. Baja el trabajo de mantenimiento, el césped soporta mejor los periodos de sequía y el jardín parece vivo en lugar de estéril.
Qué significa “No Mow May” para los jardines alemanes
La campaña británica “No Mow May” se puede trasladar fácilmente a nuestras condiciones, con un pequeño adelanto: en muchas regiones de Alemania la primavera empieza simplemente algo antes, ya en abril.
Quien deja el cortacésped parado desde principios de abril y no vuelve a segar hasta finales de mayo le regala a la naturaleza casi dos meses de “trabajo de construcción”. En ese tiempo:
- se establecen poblaciones de flores silvestres en el césped,
- los polinizadores encuentran una cadena continua de alimento,
- se estabiliza la vida del suelo con hongos, bacterias y microorganismos.
Un abril sin segar es, en el fondo, una mini medida ambiental que puede aplicar sin burocracia y sin presupuesto.
Preocupaciones típicas… y lo que realmente pasa
“Entonces mi jardín parecerá abandonado”
Esa impresión la tienen sobre todo quienes están acostumbrados a la estética de campo de golf. En la práctica se puede suavizar fácilmente:
- Mantener cortos los bordes de caminos y parterres: aporta orden visual.
- Trazar un sendero claramente segado a través de la pradera más alta.
- Nombrar conscientemente una zona como “pradera de flores”, por ejemplo con un pequeño cartel.
Así el jardín no parece caótico, sino diseñado a propósito.
“¿Más insectos, más riesgo?”
Más insectos significa sobre todo más diversidad: además de abejas, sírfidos y mariposas, también sus antagonistas naturales. Los mosquitos se multiplican más en charcos de agua estancada que en el césped. Quien tapa los bidones de lluvia y vacía los platos de macetas reduce ese problema mucho más que cualquier césped corto.
Consejos prácticos para el cambio
Quien viene de años de rutina de césped muy corto a menudo necesita empezar con pasos pequeños:
- Empiece con una zona de prueba de 5–10 m².
- Documente con fotos cómo cambia ese rincón de abril a junio.
- Observe qué animales aparecen: abejas, escarabajos, aves.
Muchos continúan voluntariamente tras esa fase de experimento, porque la diferencia se ve y se oye: zumbidos, trinos… el jardín cobra vida.
Renunciar al primer corte del césped en abril parece poca cosa; la rentabilidad ecológica es sorprendentemente grande.
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