Saltar al contenido

Los churros de piscina son muy útiles en casa gracias a sus propiedades especiales.

Persona colocando empanadillas sobre espuma azul en una mesa, rodeada de herramientas, cinta métrica y rollo de cinta adhesiv

La primera churro de piscina de mi vida no estaba junto a una reluciente piscina de hotel, sino en una estantería polvorienta del sótano. Rosa chillón, ligeramente pegajoso, medio aplastado por una maleta que llevaba años encima. En realidad buscaba un alargador. En su lugar, saqué aquel trozo de espuma… y solo entonces me di cuenta de lo absurdamente estable y, a la vez, ligerísimo que se siente.

Esa misma noche, el churro de piscina no acabó en el agua, sino en el canto afilado de la mesa del cuarto de los niños. Cinco minutos, un cúter, un poco de cinta adhesiva: listo. Ni drama ni llanto cuando el peque volvió a chocar contra la mesa.

Ahí empecé a mirarlo de otra manera: ¿y si esas cosas de colores pudieran hacer mucho más que estorbar en verano?

Por qué los churros de piscina sirven en casa para mucho más que para el agua

Quien ha tenido un churro de piscina en la mano lo nota al instante: este material se comporta casi como un guardaespaldas de buen humor. Amortigua golpes, cede, rebota y aun así se mantiene firme. No pincha, no se astilla, no hay “efecto ay”. Se entiende enseguida por qué les encantan a los niños… y también a los muebles.

La espuma -normalmente polietileno reticulado- es densa, pero no dura. Muy ligera, pero sorprendentemente resistente. Una especie de capa protectora con serenidad incorporada. Y ahí está la magia para el día a día: protección, acolchado, separador… todo en un material que no pesa nada y que, si hace falta, se deja domar con unas tijeras.

En un bloque de pisos de mi calle, una vecina “silenció” la escalera con churros de piscina. Cortó varios a lo largo y los encajó sobre la barandilla, justo en los puntos donde carritos, cajas de mudanza y bicicletas suelen golpear. Desde entonces: ni desconchones de pintura ni rayones oscuros en el yeso.

Otro amigo usa medio churro gris como separador en su garaje. Lo pegó a la pared, exactamente donde llega la puerta del conductor. Se acabó el ir a tientas y el “mierda, otra marca”. Cada vez hay un impacto suave y amortiguado, como si el coche dijera: “hasta aquí y no más”.

Estos trucos funcionan porque el material del churro de piscina reúne varias propiedades geniales. La estructura de célula cerrada deja pasar muy poca agua; muchos churros son casi totalmente hidrófugos. Al mismo tiempo, son lo bastante flexibles como para rodear cantos, tubos o barras sin romperse.

La elasticidad hace que la presión no se concentre en un solo punto. En lugar de un borde duro que dañe algo, la espuma reparte la energía sobre una superficie mayor. Eso es justo lo que le quita al día a día esos mini-desastres pequeños y molestos. Y como la espuma mantiene la forma, un solo churro puede ir años por la casa haciendo de ángel de la guarda silencioso.

Cómo usar churros de piscina de forma concreta en tu casa

La forma más sencilla de empezar: suavizar cantos afilados. Corta el churro a lo largo, encájalo sobre tableros, baldas o el marco de la cama, y asegúralo con cinta adhesiva o bridas: hecho. Sobre todo en mesas bajas o bordes metálicos, se nota al momento cuando una rodilla o una cabeza infantil impacta contra él.

También es muy práctico como tope de puerta. Un trozo de churro colocado transversalmente arriba o en el lateral de la puerta permite que cierre, pero ya no puede dar un portazo. Sin dedos pillados, sin puertas dando golpes con las corrientes. Se tarda dos minutos y probablemente te ahorra muchas lágrimas y algún marco de puerta estropeado.

Error típico: cortar demasiado corto o demasiado fino. Si el trozo es pequeño, se mueve antes, pierde tensión y a las pocas semanas queda simplemente triste. Mejor planificar con un poco de margen y, en caso de duda, cubrir más superficie.

Otro tropiezo: los churros muy baratos con espuma demasiado blanda. Se chafan con una presión ligera y no recuperan bien. En la tienda merece la pena hacer la prueba rápida con pulgar e índice: si el material vuelve enseguida a su forma, sirve. Seamos sinceros: nadie hace esto a diario, pero con dos o tres churros compensa echar un vistazo.

“Cuando nuestros gemelos empezaron a caminar, de repente tenía zonas de peligro por todas partes”, me cuenta Ana, madre de tres. “Los churros de piscina fueron mi salvación. Baratos, de colores, se cortan rápido… y pude ir suavizando poco a poco cada esquina que me daba miedo.”

  • En el armario: un churro de piscina como acolchado interior para abrigos o trajes largos, para que no se doblen por abajo.
  • En el coche: un trozo como protector de canto en la pared del garaje o como acolchado alrededor del cinturón de la sillita, que si no roza el cuello.
  • En el sótano o el desván: colocado alrededor de tubos como aislamiento ligero y protección amortiguadora si vuelves a darte un golpe en la cabeza.

Lo que los churros de piscina revelan sobre nuestra mirada a las “cosas desechables”

Una vez que empiezas a darles otros usos a los churros de piscina, de repente los ves en todas partes. En la ferretería, en el rincón de juegos en casa de amigos, en el lago… y ya nunca más solo como juguete acuático. De broma veraniega pasan a ser una herramienta que se cuela casi sin querer en la rutina.

Se pone interesante cuando te das cuenta de que este discreto trozo de espuma te cambia un poco la forma de pensar. De “artículo de temporada que guardas en otoño” a “material que cumple funciones”: proteger, acolchar, separar, guiar, mantener distancia. Casi como un juego de construcción en colores neón.

Los churros de piscina no tienen glamour; no salen en catálogos de decoración y no tienen “factor lifestyle”. Aun así, frenan golpes, amortiguan ruido, evitan rozaduras y protegen manos infantiles mejor que muchos productos especializados carísimos. Un trozo de vida cotidiana que no pretende ser perfecto, simplemente funciona.

Quizá ahí esté el encanto. Cuando unos pocos euros en una estantería evitan arañazos en puertas, ordenan cables o calman la lavadora en el centrifugado, produce una satisfacción extraña. Da la sensación de: estoy usando algo de forma más inteligente de lo que se pensó.

La estructura especial del material lo hace posible, claro. Pero el resto es simplemente nuestra imaginación. Quien empieza a ver estas “tuberías” de espuma como algo más que un juguete, descubre en ellas algo así como los “cartones de la espuma”: simples, baratos, y casi infinitamente reutilizables para otros fines.

Puede que en tu sótano ya haya un churro descolorido esperando ascender de accesorio veraniego a héroe doméstico secreto. Y la próxima vez que lo tengas en la mano, pruébalo: aprieta una vez, dobla una vez, corta una vez… y luego mira qué pequeño problema te resuelve hoy.

Idea clave Detalle Valor para el lector
Los churros de piscina son acolchados y protectores de cantos ideales El polietileno denso y elástico amortigua impactos y reparte la presión de forma muy uniforme Menos riesgo de golpes y menos arañazos en muebles, paredes y en el coche con un esfuerzo mínimo
Fáciles de cortar y de usar de forma flexible Se pueden cortar a lo largo o a lo ancho con cúter o tijeras; se fijan con facilidad en cantos, tubos y puertas Soluciones DIY rápidas, sin herramientas especiales ni grandes habilidades manuales
Invitan a replantearnos objetos cotidianos De juguete de baño estacional a ayuda doméstica para todo el año Inspiración para soluciones creativas y baratas en casa

FAQ

  • ¿Cuánto duran los churros de piscina en casa antes de volverse porosos? Con un uso normal en interior, suelen durar varios años, porque no están expuestos a radiación UV intensa y tienen poca humedad.
  • ¿Pueden desprender sustancias perjudiciales? La mayoría de los churros habituales están hechos de polietileno, considerado relativamente poco problemático, pero no están pensados para morderse ni como mordedor para bebés.
  • ¿Se pueden reciclar los churros de piscina? El polietileno es reciclable en general; en la práctica depende de si los puntos de recogida locales aceptan espuma.
  • ¿Cómo fijo mejor los churros a muebles o paredes? Según la superficie, funcionan bien la cinta de carrocero, la cinta de doble cara, las bridas o tiras de velcro; conviene probar antes si el adhesivo deja marcas.
  • ¿Merecen la pena las “molduras” de espuma profesionales frente a un churro simple? Para zonas de mucho desgaste o instalaciones visibles pueden tener sentido; para muchas soluciones del día a día, un churro barato es más que suficiente.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario