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La luz solar daña los plásticos del coche más que el uso diario.

Mano utilizando dispositivo para limpiar el salpicadero de un coche moderno con interiores de madera.

Mañana, en el aparcamiento del supermercado, con el sol ya implacable, mi mirada se queda enganchada a un familiar antiguo. El plástico de la baca está gris y mate, el salpicadero tras el parabrisas parece tallado en tiza. Los asientos están cubiertos con una manta, de forma precaria, casi pudorosa. El coche está ahí como un perro cansado que ha dormido demasiado al raso.
Unos metros más allá hay otro coche igual de viejo, pero en un garaje subterráneo: cuando paso junto a él más tarde, su interior parece casi nuevo. Mismo año, misma marca, una cara completamente distinta. ¿Injusto? Quizá.
Justo en ese contraste es donde uno se queda atrapado por dentro.
El trayecto diario al trabajo no destroza el coche. Lo hace el sol.

La luz solar como enemigo invisible del interior

Quien haya apoyado alguna vez la mano en un salpicadero que ha estado tres horas asándose al sol del mediodía no olvida ese escozor. El plástico se siente duro y quebradizo, el aire del interior está estancado, incluso el cinturón de seguridad parece de algún modo pegajoso.
Hablamos a menudo del desgaste del motor, de los frenos, de la suspensión. El verdadero daño a largo plazo suele venir de arriba, silencioso, poco espectacular, un poco cada día. El plástico no envejece porque lo usemos, sino porque lo dejamos parado.
Solo te das cuenta cuando ya están las primeras grietas.

Un conocido mío conduce un Golf de principios de los 2000. 260.000 kilómetros en el marcador, trayecto diario, vacaciones, mudanzas, lo ha vivido todo con él. Ese coche debería parecer un cenicero con ruedas. Pero no lo parece.
La clave: casi siempre lo aparca en un garaje. El salpicadero está mate, pero uniforme; los paneles de las puertas mantienen la forma; los mandos solo se ven ligeramente usados. Al lado había hace poco un Golf del mismo año, kilometraje parecido, que durante años solo se aparcó al aire libre. Botones descoloridos, superficies “soft-touch” pegajosas, un clip de la visera vencido.
Dos historias de vida, un resultado: el sol ha dejado muchas más huellas que los kilómetros recorridos a diario.

La explicación es bastante sobria. La radiación UV destruye con el tiempo los enlaces químicos de los plásticos; los plastificantes se evaporan; las superficies se endurecen y pierden elasticidad. A la vez, el habitáculo se calienta como un pequeño horno. 60, 70 grados sobre un salpicadero negro en días de verano no son ninguna rareza.
Entonces las piezas de plástico están trabajando constantemente: dilatación, enfriamiento, tensión, relajación. Microgrietas que al principio ni se ven acaban convirtiéndose en roturas visibles. Los colores se apagan, la textura cambia; unas cosas se vuelven pegajosas, otras se desmenuzan. Conducir, en sí, desgasta botones y tiradores, pero ese roce es inofensivo comparado con años de estrés por calor y UV.

Cómo frenar de verdad el envejecimiento de los plásticos

Un truco simple, casi banal, funciona como un programa antiedad para el interior: buscar sombra. Garaje subterráneo, cochera, la cara norte de la casa, o al menos media jornada bajo un árbol; cada rayo de sol que no golpea directamente el coche cuenta.
Quien no tenga una plaza fija a la sombra puede ganar mucho con una sencilla pantalla reflectante para el parabrisas. Bloquea radiación UV y reduce la temperatura en las superficies más sensibles, sobre todo en el salpicadero.
Otro gesto pequeño con gran efecto: tras el trayecto, dejar las puertas abiertas un momento para que salga el calor y cerrar después. Treinta segundos que pueden marcar la diferencia.

Muchos propietarios reaccionan solo cuando el daño ya es visible: superficies brillantes y grasientas, grietas finas, juntas de puerta quebradizas. Hasta entonces, el cuidado del interior era un “ya lo haré algún día”.
Una limpieza regular con un limpiador suave, apto para plásticos, y un protector UV después es mucho más eficaz que una cura completa y apresurada cada dos años. Seamos sinceros: nadie lo hace a diario. Pero pasar una vez por trimestre por las zonas más expuestas -salpicadero, parte superior de los paneles de puerta, bandejas- es realista.
El error más habitual: limpiadores multiusos agresivos, alcohol, limpiacristales sobre plástico. A corto plazo todo parece limpio; a largo plazo reseca las superficies y acelera justo el proceso de envejecimiento que se pretende evitar.

«La mayoría de los coches mueren por dentro, estéticamente, mucho antes de estar acabados técnicamente», dice un detallista de automóviles al que visité. «Si la gente supiera lo que el sol le hace al plástico, no dejaría el coche “horneándose” fuera con tanta naturalidad».

  • Aplicar protector UV con regularidad: los acondicionadores específicos para plástico con filtro UV funcionan como crema solar para el salpicadero y los paneles de las puertas.
  • Cambiar la posición de aparcamiento: si no hay garaje, al menos alternar a menudo el lado por el que entra el sol para evitar un envejecimiento desigual.
  • No “esterilizar” el interior a base de frotar: limpiar con suavidad, sin restregar, sin usar productos domésticos fuertes, para conservar la textura de la superficie.
  • Considerar láminas solares para luneta y ventanillas laterales: menos UV, menos calor, notablemente más cómodo en el día a día.
  • No olvidarse del volante y el pomo del cambio: los plásticos recubiertos en esas zonas están especialmente expuestos y envejecen de forma más visible.

Lo que esto revela sobre nuestros coches -y sobre nosotros-

Si te fijas una vez, verás por todas partes estas víctimas silenciosas del sol: taxis con salpicaderos decolorados, monovolúmenes familiares con palancas de seguro infantil quebradizas, descapotables con marcos de plástico apagados. Eso dice algo sobre el tiempo real que los coches no pasan circulando, sino parados. Están ahí, esperando, aparcados… y justo ahí ocurre el desgaste invisible.
Es interesante lo emocional que resulta este deterioro. Un interior ordenado y cuidado, con plásticos envejecidos pero no destrozados, se siente valioso y fiable. Un coche quizá técnicamente perfecto, pero con piezas de plástico resecas, pegajosas o rotas, pierde esa sensación de confianza en segundos.

Quien quiera mantener su coche muchos años, por tanto, debe preocuparse menos por “conducir con suavidad” y bastante más por “aparcar con suavidad”. El cuentakilómetros es solo media verdad cuando se trata del estado del plástico.
Este conocimiento cambia la forma de mirar las decisiones cotidianas: ¿de verdad eliges la plaza soleada justo delante de la puerta solo porque está más cerca? ¿O caminas esos 40 metros hasta el árbol al fondo del aparcamiento, bajo el que el coche luego se ve claramente más joven?
Esos pequeños gestos hacia un objeto de uso diario también dicen algo de cómo tratamos las cosas que queremos que nos acompañen durante muchos años.

Quizá merezca la pena, en la próxima compra de coche, dedicar un momento a recorrer conscientemente el interior y no pensar solo en caballos, asistentes y cuota de leasing. ¿Qué tal se ven las superficies? ¿Hay ya pequeñas decoloraciones en botones y tiradores? ¿Alguna pieza de plástico se ha ondulado ligeramente porque ha pasado demasiado tiempo al sol?
Quien empieza a leer estas señales ve muy rápido que la luz solar no es un acompañante inofensivo, sino un diseñador silencioso del envejecimiento. No se puede escapar de ella, pero sí se le puede poner más difícil. Y al final es una sensación extrañamente satisfactoria subirse a un coche viejo cuyos plásticos no han capitulado, casi como si uno le hubiera llevado un poco la contraria al tiempo.

Idea clave Detalle Valor para el lector
La radiación UV daña los plásticos más que el uso El calor y la luz descomponen plastificantes, provocan grietas y decoloraciones Entiende por qué el tiempo aparcado al sol es más crítico que los kilómetros recorridos
El modo de aparcar es más decisivo que el estilo de conducción Sombra, parasol para el parabrisas, breve ventilación tras el trayecto Obtiene palancas concretas para mantener el interior visiblemente joven durante más tiempo
Cuidado dirigido en lugar de limpieza agresiva Limpiadores suaves y protección UV en vez de multiusos o limpiacristales Evita errores típicos que aceleran el envejecimiento de las superficies de plástico

FAQ:

  • ¿El sol también ataca a plásticos modernos “de alta calidad”? Sí. También los plásticos actuales envejecen con la radiación UV y el calor; a menudo más despacio, pero el efecto se mantiene: pierden elasticidad, se decoloran y pueden agrietarse.
  • ¿Basta con preocuparse por el sol solo en verano? No. La radiación UV actúa todo el año, incluso con cielo nublado. El verano es solo la fase más intensa; el trabajo de base empieza ya en primavera.
  • ¿Los productos de cuidado de marca caros marcan realmente la diferencia? Lo decisivo es que el limpiador sea compatible con plásticos y que incluya protección UV. El precio influye, pero es más importante la formulación y evitar disolventes agresivos.
  • ¿Limpiar a menudo daña las superficies? Si usas productos suaves y paños blandos, no. En cambio, frotar con trapos ásperos o limpiadores agresivos acelera el desgaste.
  • ¿Los cristales tintados son una protección eficaz? Sí. Las láminas de calidad con filtro UV reducen de forma perceptible la radiación y el calor en el interior, especialmente en las plazas traseras y en la zona del maletero.

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