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¿Kiwi verde o amarillo: cuál elegir para obtener más beneficios?

Mano sosteniendo medio kiwi sobre una tabla, con otra mitad al lado; al fondo, yogur, cereales, plátanos y kiwis.

Ya sea en el porridge, en el smoothie o simplemente a cucharadas: el kiwi está en auge.

Pero ¿qué color aporta realmente más al plato?

En el supermercado suelen estar uno al lado del otro, se parecen y acaban rápido en el carrito. Y solo en casa llega la duda: ¿mejor el clásico verde, chispeante, o el recién llegado dorado, más suave? Detrás del color hay más que sabor: ambos tipos de kiwi tienen su propia historia y fortalezas para la salud ligeramente distintas.

De China a Nueva Zelanda: cómo el kiwi verde y el dorado conquistaron las estanterías

El kiwi verde es el veterano entre las variedades. Originalmente procede de China, donde la planta trepadora crece desde hace siglos. No fue hasta el siglo XX cuando las primeras plantas llegaron a Nueva Zelanda. Allí los cultivadores hicieron lo que el sector agrícola sabe hacer bien: seleccionar, cruzar, mejorar. El kiwi verde se volvió más grande, más dulce, más resistente… y finalmente, una estrella de la exportación.

El kiwi dorado, a menudo llamado también «kiwi gold», es bastante más joven. En los años 90, investigadores neozelandeses buscaron una variante con pulpa más blanda y dulce. Mediante cruces dirigidos de distintas variedades nació el pariente dorado: piel más lisa, centro amarillo soleado, menos acidez y, a cambio, más aire tropical en el paladar.

Ambas variedades comparten un perfil base: mucha vitamina C, valiosos compuestos vegetales, facilidad de consumo y efectos sorprendentemente potentes sobre la digestión y el sistema inmunitario.

Vitaminas, enzimas, fibra: qué hay realmente dentro del kiwi

Bajo la piel peluda o lisa trabaja un auténtico paquete de salud. Un solo kiwi cubre, según los valores nutricionales habituales, alrededor del 80–90% de las necesidades diarias de vitamina C: como una pequeña bomba vitamínica para comer a cucharadas.

Por qué la vitamina C del kiwi marca la diferencia

La vitamina C apoya el sistema inmunitario, protege las células del estrés oxidativo y ayuda a absorber mejor el hierro de los alimentos vegetales. Quien consume pocos cítricos o en invierno se pasa demasiado rápido a los dulces puede compensar mucho con un kiwi al día.

Dato interesante: los kiwis dorados contienen de media algo más de vitamina C que los verdes. Así que, si el objetivo es reforzar las defensas, el gold lleva una ligera ventaja.

Actinidina: la herramienta digestiva secreta

Ambos tipos de kiwi aportan una enzima especial: la actinidina. Ayuda al organismo a descomponer proteínas, por ejemplo de yogur, queso, carne o legumbres. Muchas observaciones en nutrición clínica muestran que quienes comen kiwi con regularidad tras comidas ricas en proteína reportan menos sensación de pesadez.

Un kiwi después de una cena contundente puede actuar como una pequeña ayuda digestiva natural, sin necesidad de pastillas.

Verde vs. dorado: ¿quién puntúa mejor según el objetivo de salud?

Ambas variantes son saludables. Aun así, merece la pena fijarse en las diferencias sutiles para encontrar el favorito.

Propiedad Kiwi verde Kiwi dorado
Sabor Ácido, refrescante, ligeramente astringente Más suave, más dulce, más tropical
Vitamina C Muy alta Por lo general, algo más alta
Fibra Mayor contenido, buena para el intestino Algo menor, pero suele sentar mejor
Piel Más gruesa, más peluda Más fina, más lisa, más fácil de comer

Cuando el intestino tiene voz

El kiwi verde aporta más fibra y es especialmente adecuado para quienes quieren activar la digestión. La fibra favorece el movimiento intestinal, alimenta a las bacterias beneficiosas y puede ayudar a prevenir el estreñimiento.

El kiwi dorado es más suave, lo que puede ser una ventaja para estómagos sensibles. Muchas personas eligen el dorado si toleran mal la acidez o sufren ardor, pero no quieren renunciar al sabor afrutado.

El tema de la piel: ¿se come o no?

En teoría, la piel de ambos tipos se puede comer: aporta fibra y compuestos vegetales secundarios adicionales. En la práctica, a muchas personas les echa para atrás la pelusa del kiwi verde.

  • En el kiwi verde, la piel peluda molesta a muchos a nivel sensorial.
  • En el kiwi dorado, la piel parece más fina y blanda; muchos solo recortan los extremos y lo muerden como una manzana.
  • Antes, lavarlo bien, idealmente con agua templada y un cepillo para verduras.

Quien se come la piel aumenta de forma notable la cantidad de fibra por fruta: una pequeña palanca con un efecto medible para el intestino.

Cómo conservarlos bien: así el kiwi mantiene sus vitaminas por más tiempo

Los kiwis reaccionan con sensibilidad a la temperatura y a sus “vecinos” en el frutero. Las frutas verdes (sin madurar) deben quedarse a temperatura ambiente, preferiblemente separadas o en una bandeja poco profunda. Allí maduran poco a poco sin ponerse blandas demasiado rápido.

En cuanto ceden ligeramente al presionar con el dedo, el kiwi debe ir a la nevera, idealmente al cajón de verduras. El frío frena la maduración y protege vitaminas sensibles al calor como la vitamina C.

Acelerar la maduración… o frenarla a propósito

Si apetece kiwi de forma espontánea y en casa solo hay ejemplares duros como piedras, funciona un truco sencillo:

  • meter los kiwis en una bolsa de papel,
  • añadir media manzana o media banana,
  • dejar a temperatura ambiente.

El etileno de esas frutas acelera claramente la maduración del kiwi. Si se quiere conservar el punto de madurez, en la nevera conviene separar los kiwis estrictamente de manzanas y bananas. Si no, de “bien blandito” se pasa rápido a “pasado y blandurrio”.

Cómo encaja el kiwi en el día a día: ideas más allá de la macedonia

El clásico es el kiwi partido por la mitad y comido a cucharadas en el desayuno. Pero la fruta da más de sí si se usa con estrategia.

Antes o después de comer: cuándo aporta más el kiwi

Muchos asesores nutricionales recomiendan el kiwi como tentempié entre comidas para mantener a raya los picos de glucosa. La combinación de azúcares naturales, fibra y acidez da una energía relativamente estable.

Después de platos principales ricos en proteínas -por ejemplo, tras un filete, un chili sin carne o una gran tabla de quesos- el kiwi, gracias a la actinidina, apoya la digestión de las proteínas. Quien tiende a la hinchazón puede probar si un kiwi tras la comida marca diferencia.

Precaución con la leche y la gelatina

La actinidina también tiene su lado “complicado”: en combinación con lácteos o gelatina, la enzima puede descomponer las proteínas ya dentro del postre. Por eso, el yogur con kiwi fresco no debería quedarse mucho tiempo en la nevera; si no, puede volverse ligeramente amargo o cambiar de textura.

Para tartas o gelatinas vale lo siguiente: o bien calentar (el calor inactiva la actinidina) o recurrir a recetas que lo tengan en cuenta.

Quién podría elegir qué kiwi: situaciones típicas del día a día

Algunos ejemplos muestran cuándo encaja mejor cada variedad:

  • Deportista después de entrenar: el kiwi dorado aporta vitamina C y carbohidratos rápidamente, sabe más dulce y se come cómodamente tal cual.
  • Trabajo de oficina con poco movimiento: el kiwi verde aporta más fibra, puede ayudar en el tránsito intestinal diario y encaja bien como snack en la pausa.
  • Niños a los que no les gusta la acidez: el kiwi gold es más suave y menos “punzante” de sabor; una opción fácil para colar más fruta en la fiambrera.
  • Personas con estómago sensible: a menudo se tolera bien; mejor probar primero con un kiwi dorado pequeño y ver cómo reacciona el cuerpo.

Riesgos, intolerancias y combinaciones inteligentes

Aunque los kiwis se consideren “saludables”, hay excepciones. Las personas con alergia al látex a veces también reaccionan al kiwi, especialmente a las semillas o la piel. Los síntomas van desde cosquilleo en la boca hasta reacciones cutáneas. En esos casos: consultarlo médicamente y, en caso de duda, evitarlo.

Quien toma anticoagulantes debería comentar con su médico o médica el consumo de grandes cantidades de frutas muy ricas en vitamina C, sobre todo si la alimentación cambia de forma brusca.

Las combinaciones pueden ser muy interesantes: kiwi con copos de avena, yogur natural y un puñado de frutos secos da un bol de desayuno bastante completo: fibra, grasas saludables, proteína y vitaminas. En platos salados, el kiwi triturado en marinadas puede ablandar la carne, porque la enzima afloja las estructuras proteicas. Eso sí: no marinar demasiado tiempo o la textura se vuelve blanda con rapidez.

En definitiva, la elección “verde o dorado” depende del día a día, los objetivos y el gusto. Quien quiere ajustar su alimentación de forma consciente puede usar ambas variantes como dos herramientas distintas en el mismo frutero: unas veces para el intestino, otras para el sistema inmunitario, y otras simplemente porque el día pide sabor a fruta tropical.

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