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Horno o freidora de aire: ¿qué aparato consume más electricidad? El sorprendente resultado de la comparativa.

Persona colocando patatas cortadas en la cesta de una freidora de aire en una cocina luminosa.

Der aroma de patatas fritas crujientes, lasaña o verduras al horno está en el aire… pero en la cabeza acecha la factura de la luz.

Muchos hogares se preguntan ahora: ¿merece de verdad la pena el hype de la freidora de aire (airfryer), o el horno de siempre es más que suficiente? Entre promesas publicitarias, tendencias de redes sociales y mediciones reales suele haber un hueco. Es hora de mirarlo con frialdad: ¿qué aparato consume más electricidad en la práctica y dónde se pueden ahorrar euros sin perder comodidad?

Por qué esta comparación es tan polémica ahora

Los precios de la electricidad han subido de forma notable en los últimos años y, al mismo tiempo, se cocina más en casa que antes. Los fabricantes de freidoras de aire prometen hasta un 50% o incluso un 70% de ahorro energético frente al horno. Por eso muchas personas se compran un aparato nuevo, a menudo sin saber si realmente compensa.

La pregunta clave no es solo: ¿qué aparato tiene más vatios? Lo decisivo es cuánto tiempo funciona, con qué eficiencia calienta y lo bien que se aprovecha el calor en la cámara de cocción.

Una freidora de aire puede consumir menos electricidad pese a tener muchos vatios, porque es más pequeña, se calienta antes y necesita tiempos de cocción más cortos.

Potencia vs. consumo: ¿dónde está la diferencia?

Antes de comparar cifras, conviene repasar lo básico. Mucha gente confunde los vatios de la placa de características con el consumo real de energía al cocinar.

Vatios, kilovatio-hora y compañía: la base

  • Potencia (vatios, W): indica la intensidad con la que calienta un aparato, es decir, cuánta energía transforma por segundo.
  • Consumo de energía (kilovatio-hora, kWh): lo que importa para la factura. Se calcula, a grandes rasgos: potencia × tiempo.
  • Coste de la electricidad: kWh × precio por kWh (p. ej., 0,30 €).

Un aparato de 2.000 W no tiene por qué salir necesariamente más caro que uno de 1.500 W. Si el más potente funciona bastante menos tiempo o es más eficiente, puede incluso resultar más barato al final.

El horno bajo la lupa: gran capacidad, “fondo” largo

El horno eléctrico clásico suele tener una potencia entre 2.000 y 3.500 W. La cavidad suele ser de 50 a 70 litros. Eso requiere tiempo y energía para calentarse por completo.

Dónde consume mucho el horno

  • Gran cavidad, que se calienta entera incluso si solo hay poca comida dentro.
  • Precalentamientos largos, a menudo 10–15 minutos según la temperatura.
  • Pérdida de calor al abrir la puerta.
  • Temperaturas más altas (p. ej., 200–230 °C) para resultados crujientes.

Aunque los hornos modernos, tras calentarse, bajan y vuelven a calentar por impulsos, el aparato suele estar funcionando bastante más tiempo que una freidora de aire.

Para una sola bandeja de patatas fritas o una ración de nuggets, el horno está sencillamente sobredimensionado en muchos hogares.

Dónde el horno sigue ganando

El horno ofrece ventajas que una freidora de aire no sustituye del todo:

  • Grandes cantidades, como dos bandejas de pizza o una fuente grande con un asado.
  • Horneado de bizcochos, pan y masas delicadas, con espacio y reparto uniforme del calor.
  • Platos donde la humedad y el espacio son importantes, por ejemplo, gratinados en fuentes grandes.

En términos de energía, esto significa: quien cocina con regularidad para cuatro a seis personas puede volver a bajar el consumo por ración gracias a aprovechar mejor el horno.

La freidora de aire: cavidad pequeña, grandes promesas

Una freidora de aire moderna suele trabajar con 1.400 a 2.000 W. A primera vista suena parecido al horno. La diferencia está en el diseño.

Cómo ahorra energía la freidora de aire

La cavidad es pequeña, normalmente de 3 a 6 litros (algo más en modelos grandes). Los elementos calefactores están cerca de la comida y un ventilador potente hace circular rápidamente el aire caliente. Resultado: la comida se hace rápido y queda crujiente por fuera.

Efectos típicos en el día a día:

  • Apenas hace falta precalentar, o no hace falta en absoluto.
  • Tiempos de cocción menores, a menudo un 20–40% más cortos que en el horno.
  • Cavidad compacta que permite aprovechar el calor con más eficiencia.

Muchos platos que en el horno necesitan 25–30 minutos, en la freidora de aire están listos en 15–20 minutos, con una textura igual o más crujiente.

Ejemplo de cálculo: patatas para dos personas

Para ilustrarlo, un ejemplo simplificado:

Aparato Potencia Duración total Consumo (aprox.)
Horno (convección) 2.500 W 10 min precalentamiento + 25 min horneado ~1,0 kWh
Freidora de aire 1.700 W 20 min sin precalentar ~0,57 kWh

Con un precio de 0,30 € por kWh, eso significa:

  • Horno: unos 0,30 €
  • Freidora de aire: unos 0,17 €

La diferencia parece pequeña por uso, pero se acumula si se preparan platos similares varias veces por semana.

Cuándo la freidora de aire realmente ahorra… y cuándo no

La freidora de aire muestra sus puntos fuertes sobre todo con porciones pequeñas y platos rápidos de uso frecuente. Quien cocina a menudo solo para una o dos personas reduce el consumo de forma perceptible con una freidora de aire.

Situaciones típicas en las que la freidora de aire va claramente por delante

  • Snacks como patatas fritas, nuggets, rollitos de primavera, bocados de queso.
  • Pequeñas cantidades de verdura, por ejemplo, verduras asadas o patatas “al horno”.
  • Panecillos para hornear o cruasanes por la mañana.
  • Sobras del día anterior que se quieren “revivir” crujientes.

En lugar de encender el horno grande para una sola bandeja, basta el cestillo de la freidora de aire. La menor duración marca la diferencia.

Límites de la freidora de aire

Pese a su eficiencia, la freidora de aire no es un sustituto universal del horno. Surgen problemas cuando:

  • se quieren preparar asados grandes o pollos enteros que apenas caben en el cestillo,
  • se necesitan varias raciones a la vez y hay que cocinar por tandas,
  • se piden reposterías delicadas (como un bizcocho esponjoso) que en la freidora de aire pueden dorarse de forma irregular.

En esos casos, el horno puede ser más sensato pese al mayor consumo puntual, porque admite más cantidad de una vez y el resultado es más constante.

¿Qué dicen las mediciones y pruebas reales?

Las comparativas de distintos portales de consumidores muestran un patrón similar: para platos típicos del hogar, las freidoras de aire consumen en muchos casos entre un 30% y un 60% menos energía que un horno, siempre que las porciones sean pequeñas o medianas.

Quien prepara a menudo pequeñas cantidades puede ahorrar fácilmente una cantidad de dos cifras al año con una freidora de aire, sin renunciar a snacks calientes.

La cosa cambia si el horno se aprovecha muy bien. Por ejemplo, quien hornea dos bandejas de pizza a la vez o prepara varias fuentes de lasaña distribuye el consumo entre mucha más comida. En ese escenario, la ventaja de la freidora de aire se reduce mucho o desaparece por completo.

Consejos prácticos: cómo reducir el consumo de ambos aparatos

Independientemente del aparato, se pueden ajustar algunas cosas para ahorrar electricidad sin que la comida se resienta.

Consejos para el horno

  • Usar convección; a menudo bastan 20 °C menos.
  • Evitar el precalentamiento cuando no sea imprescindible (p. ej., gratinados, pizza congelada).
  • Preparar varios platos seguidos mientras el horno ya está caliente.
  • No abrir la puerta sin necesidad para evitar pérdidas de calor.
  • Aprovechar el calor residual: apagar 5–10 minutos antes; el plato termina de hacerse.

Consejos para la freidora de aire

  • No llenar demasiado el cestillo; si no, el tiempo de cocción se alarga mucho.
  • No poner más temperatura de la necesaria; a menudo bastan 160–180 °C.
  • Agitar o mover el contenido a mitad para que se haga de forma uniforme.
  • Limpiar el accesorio con regularidad para que el aire circule bien.

Conceptos y escenarios que ayudan a decidir

Quien duda entre freidora de aire y horno puede hacerse algunas preguntas guía que van más allá de los vatios:

  • ¿Cuántas personas viven en el hogar?
  • ¿Con qué frecuencia se preparan snacks calientes o porciones pequeñas?
  • ¿Se hacen a menudo pasteles y asados grandes, o más bien finger food y congelados?
  • ¿Cuál es el precio actual de la luz en tu tarifa?

Un ejemplo: una familia de cuatro personas que los fines de semana hornea mucho y usa varias bandejas a la vez se beneficia mucho del horno. Si esa misma familia usa entre semana la freidora de aire para snacks rápidos por la tarde o para la cena de un niño, reduce el consumo notablemente sin tener que reemplazar un aparato por completo.

En un hogar unipersonal, la cuenta cambia. Quien prepara sobre todo porciones pequeñas y rara vez hace grandes hornadas puede ahorrar muchos usos del horno con una buena freidora de aire. El horno grande queda entonces para ocasiones puntuales.

Riesgos, malentendidos y costes ocultos

Un error muy extendido: un aparato nuevo y eficiente ahorra automáticamente dinero. Si la freidora de aire se suma al horno y de repente se usa mucho más (por ejemplo, para snacks espontáneos), el consumo total de electricidad puede incluso subir.

Además, los modelos baratos sin un control de temperatura fiable cocinan de forma irregular. Por inseguridad, el usuario alarga el tiempo de cocción, lo que vuelve a elevar el consumo. Quien compra muy barato, suele pagarlo con peor eficiencia y menor vida útil.

Al final no decide solo el aparato, sino sobre todo el modo de uso: eso es lo que determina lo alta que será la factura de la luz.

Quien planifica con cabeza, vigila los tiempos y aprovecha las fortalezas de ambos sistemas reduce los costes de forma bastante más efectiva de lo que sugieren las promesas publicitarias.

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