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¿Cómo se llama el sonido que hace el erizo?

Erizo junto a un nido y tazón en el jardín bajo la luna llena.

Por la noche, en el jardín, cruje la hojarasca, se desliza una sombra, un ruido suave, apenas audible… y, aun así, dice muchísimo.

Mucha gente considera al erizo un solitario silencioso y espinoso. Pero quien de verdad lo observa -o, mejor dicho: lo escucha- se da cuenta enseguida de que este animal posee un repertorio sonoro sorprendentemente complejo. Sus sonidos son bajos, a veces ásperos, a veces lastimeros, y revelan mucho sobre el miedo, el apareamiento, las disputas territoriales y la vida familiar en el nido.

¿Tiene el erizo algún «grito»?

En los diccionarios se busca en vano un término propio para el sonido del erizo. No hay un equivalente a «muuuu» o al «cacareo», ningún «erizo-» oficial. En la bibliografía especializada tampoco aparece nada que pueda considerarse un nombre establecido.

En el caso del erizo se habla, sencillamente, de gruñidos, resoplidos, silbidos, chillidos, quejidos o castañeteo de dientes, pero no de un grito específico con nombre propio.

Puede parecer algo menor, pero conduce a una consecuencia interesante: como su llamada no tiene un nombre fácil, el erizo nos parece más silencioso de lo que realmente es. Quien, de noche, con la ventana abierta, oye un resoplido grave o un chillido agudo, casi estridente, a menudo lo atribuye a gatos, pájaros o incluso a algún aparato defectuoso… y no al vecino espinoso.

¿Es el erizo un animal silencioso?

Sí y no. En comparación con las aves o con roedores ruidosos, el erizo pasa más desapercibido. Esto se debe a su estilo de vida: es crepuscular y nocturno, se desplaza por el suelo y vive con el riesgo constante del zorro, el tejón o el coche.

Un animal que quiere sobrevivir no va gritando sin parar. Utiliza señales breves y precisas. Estos sonidos suelen percibirse solo en un radio pequeño: bueno para comunicarse con sus congéneres, malo para los oídos humanos curiosos.

¿Qué sonidos emite concretamente un erizo?

En lugar de un único «grito», el erizo tiene toda una gama de ruidos distintos, cada uno con su propia carga emocional y función.

Gruñidos y resoplidos: el clásico en la maleza

El gruñido profundo y gutural es el sonido más frecuente. Suena un poco a un cerdito en miniatura, a menudo áspero, a veces como una respiración pesada. El erizo lo utiliza sobre todo cuando se siente atacado o quiere impresionar a un rival.

Es típica la combinación de:

  • gruñidos o resoplidos
  • púas erizadas
  • “agrandamiento” corporal: el erizo parece un pequeño globo espinoso

El objetivo: «Soy pequeño, pero estoy dispuesto a defenderme». No pocas veces este paquete acústico y visual basta para que un enemigo o un perro curioso se retire.

Silbidos y siseos: conversaciones entre adultos

Los sonidos silbantes, a veces estridentes, aparecen sobre todo en encuentros entre erizos adultos. Se vuelve especialmente interesante en época de celo: entonces, un auténtico «canto» de silbidos, resoplidos y un zumbido rítmico acompaña el cortejo, cuando un macho rodea a una hembra.

También cuando dos machos se encuentran pueden salir siseos breves y cortantes: una especie de amenaza acústica antes de que haya empujones o incluso mordiscos.

Chillidos, gemidos y gritos: sonidos de emergencia

Especialmente impactantes son los sonidos de los erizos en situaciones de estrés. Pueden sorprender porque, para un animal tan pequeño, resultan extremadamente intensos.

Herido, atrapado o cogido por un perro, un erizo suele emitir gritos agudos y lastimeros o chillidos persistentes que señalan claramente dolor y pánico.

Estas señales no solo expresan sufrimiento. También pueden disuadir a posibles atacantes y alertar a otros erizos. En manos humanas -por ejemplo, en centros de recuperación- se oyen con frecuencia durante exploraciones, cuando el animal se siente amenazado.

Castañeteo de dientes: amenaza acústica

Un sonido más infravalorado: el castañeteo de dientes. No es una vocalización, sino un ruido mecánico. Los dientes chocan de forma audible, a menudo en series cortas y rápidas. Este repiqueteo suele ir acompañado de un gruñido hosco.

Para sus congéneres viene a significar: «Un paso más y esto va en serio». Aparece especialmente en disputas territoriales entre machos.

Trinos y «conversaciones» rítmicas

En estudios más finos también se han documentado ruidos más difusos: trinos cortos, series de zumbidos rítmicos, acústicamente a medio camino entre el murmullo y el chapoteo. Los erizos jóvenes se comunican así entre sí cuando están en el nido, juegan o señalan a la madre su posición.

¿Para qué sirven todos estos sonidos del erizo?

Con cada ruido, el erizo pierde una parte de su camuflaje. Por eso solo recurre a sonidos cuando el beneficio es mayor que el riesgo.

Tipo de sonido Situación típica Función
Gruñidos / resoplidos Encuentro con enemigo o rival Amenaza, disuasión, defensa
Silbidos / siseos Época de celo, contacto entre adultos Búsqueda de pareja, delimitación del territorio, jerarquía
Chillidos / gritos Lesión, estrés, cautividad Alarma, llamada de auxilio, intento de disuasión
Castañeteo de dientes Encuentros tensos Amenaza de ataque
Trinos de las crías Nido, primeras semanas de vida Contacto con la madre, petición de alimento

Protección sin pelea

Muchos sonidos buscan evitar el conflicto. Un gruñido grave más la armadura de púas funciona como un cartel de advertencia: «No te acerques». Así el animal ahorra energía y reduce el riesgo de lesiones. Para un pequeño mamífero, cualquier herida puede ser mortal, especialmente en la naturaleza.

Amor a la manera espinosa

En la época de celo, el sonido ayuda a la complicada coreografía en torno a la hembra. Los machos deben ganarse su confianza, imponerse a la vez ante competidores y evitar herirse con las púas. Las llamadas y respuestas sirven para negociar cercanía y distancia.

Lazos familiares en el nido

Las crías de erizo son ciegas e indefensas durante las primeras semanas. Sus llamadas altas y finas sirven para la localización: la madre oye si una cría tiene frío, hambre o se ha extraviado. Así, incluso en un nido denso o entre montones de hojas, vuelve con fiabilidad junto a su descendencia.

¿Cómo produce un erizo sus sonidos?

La voz del erizo se genera -como en muchos mamíferos- en la laringe. El aire pasa por las cuerdas vocales; sus vibraciones producen sonidos. Según la presión del aire y la tensión de los músculos en la laringe y la faringe, se originan gruñidos profundos o chillidos agudos.

Además están los ruidos mecánicos: castañeteo de dientes, chasquidos al comer, el típico crujido en la hojarasca. También aportan información importante a otros erizos sin ser «voz» propiamente dicha.

Lo que revela la investigación sobre los sonidos del erizo

Como los erizos son nocturnos y esquivos, hace falta tecnología para comprender su vida acústica. Investigadores trabajan con grabadoras de audio sensibles y cámaras infrarrojas instaladas en jardines, lindes de bosques y parques. Después, programas descomponen las grabaciones en frecuencias, duración y patrones.

Los análisis muestran que la edad, el sexo y el estado emocional influyen claramente en el timbre del erizo: desde el chillido agudo de las crías hasta el resoplido potente de los machos adultos.

Estos datos no solo ayudan a entenderlos mejor. También aportan claves para la conservación: si se sabe cuándo y dónde los erizos emiten llamadas con mayor actividad, pueden protegerse mejor zonas de cría e hibernación, por ejemplo en obras, planificación de carreteras o diseño de parques urbanos.

Lo que los propietarios de jardines pueden aprender de los sonidos del erizo

Quien oye ruidos extraños por la noche en el jardín puede, con algo de práctica, distinguir si suena más a erizo, gato o rana. Esto tiene varias ventajas:

  • Se identifica si los erizos se sienten a gusto en el propio jardín.
  • Se detecta antes si un animal parece estar gritando por auxilio.
  • Se pueden crear zonas tranquilas donde los animales se comuniquen y críen sin molestias.

Un chillido continuo procedente de un montón de hojas puede indicar crías heridas o huérfanas. Si se oye algo así, no conviene deshacer el montón con prisas, sino observar primero a distancia y, en caso de duda, contactar con un centro de recuperación de fauna silvestre.

Escenarios reales: así suena la noche con erizos

Escena 1: apareamiento junto al compost

Hace calor, finales de primavera. Junto al compost cruje algo, luego se oye un resoplido grave, casi rítmico. Un segundo sonido, más alto y más corto. Probablemente se trata del cortejo: un macho rodea a una hembra, ambos en movimiento constante. Los ruidos pueden prolongarse más de una hora; muchos vecinos lo confunden con gatos peleándose.

Escena 2: llamada de auxilio en el montón de hojas

Más tarde en el año, llovizna, 3 de la madrugada. De un montón de ramas sale un chillido agudo y repetido. Sin gruñidos ni resoplidos: una alarma clara. Posible escenario: un erizo joven se ha enganchado en una valla o está atrapado en una red. Reaccionar y comprobar puede, literalmente, salvar vidas.

Términos útiles para entender mejor

Algunos términos técnicos aparecen una y otra vez en relación con los sonidos del erizo:

  • Laringe (larínge): zona del cuello donde se encuentran las cuerdas vocales y se genera la voz.
  • Cuerdas vocales: finos pliegues de tejido que vibran con el aire y producen sonido.
  • Vocalización: cualquier sonido que un animal emite de forma consciente con su aparato fonador.
  • Ruidos mecánicos: sonidos producidos por movimientos como el castañeteo de dientes o el crujido, sin usar la voz.

Quien conoce estos términos entiende mucho mejor los estudios y guías sobre erizos y puede interpretar mejor las observaciones en su propio jardín.

Riesgos y oportunidades de la comunicación del erizo en las ciudades

En zonas densamente urbanizadas, los sonidos suaves del erizo se enfrentan a un entorno ruidoso: tráfico, música, maquinaria de jardinería. El ruido constante enmascara señales finas y los animales se encuentran peor, especialmente en época reproductiva. Además, hay peligros como carreteras, sumideros o robots cortacésped.

A la vez, la investigación acústica abre nuevas posibilidades: ciudades y municipios pueden, por ejemplo, limitar el ruido nocturno en zonas especialmente sensibles o diseñar espacios para que los erizos encuentren áreas con pocas molestias. Para la ciudadanía eso significa: menos cuidado nocturno del césped, nada de sopladores/aspiradores de hojas, más rincones tranquilos con madera muerta y hojarasca: un hábitat donde los erizos puedan comunicarse sin riesgo.

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